El cliente es la persona más importante de la compañía

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El cliente es la persona más importante de la compañía.

Hablamos en esta ocasión del cliente tanto como la persona que nos contrata para desarrollar un proyecto, como del consumidor, el que va a comprar el producto o servicio que demos.

La operación debe girar en torno al cliente y su enfoque debe ser nuestra prioridad, puesto que él es quien nos trae el trabajo, pone los objetivos y decide cual es el nivel de calidad óptimo de nuestro trabajo diario.

De ahí que nuestras primeras acciones en el proyecto se van a encaminar a la satisfacción y creación de valor para el cliente.

Por eso estos tres pasos son imprescindibles:

  • Negociar con el cliente los requisitos de nuestro proyecto, o del producto si nos referimos al cliente final, el consumidor.
  • Definir los criterios que el cliente considera de más valor.
  • Asegurar que nuestros procesos garanticen el cumplimiento de sus requisitos.

La negociación.

El cliente normalmente selecciona y prioriza sus necesidades y expectativas en función de algunos aspectos básicos como pueden ser:

  • Calidad del bien o servicio que se ofrece.
  • Costes de los mismos, que debe ser lo más bajo posible garantizando la calidad exigida.
  • Entrega del servicio o producto, en cuanto a tiempos de los procesos logísticos y calidad.
  • Seguridad, como tiempos de respuesta adecuados, o contratos de mantenimiento.
  • Responsabilidad, el proveedor debe cumplir los requisitos pactados.

El tiempo es una de las cosas más importante a negociar, puesto que desde que esté definido, para la empresa siempre será una cuenta atrás.

Conocer a nuestro cliente.

Conocer de primera mano cuales son los aspectos más importantes para el cliente en concreto es fundamental. Y para eso hay que fomentar la relación con el él, tema al que dedicaremos un post directamente, pues se puede hablar largo y tendido sobre este tema, que enlaza con las habilidades sociales y las habilidades de dirección.

Garantizar los resultados al cliente.

Por último, debemos garantizar los resultados. El trabajo que realicemos orientado a la consecución de los objetivos, es decir, a la satisfacción del cliente, que en definitiva es nuestro propósito, será lo que marque nuestro éxito. Una buena formación, la experiencia, y la formación de un equipo de trabajo adecuado son muy importantes y son aspectos que no debemos dejar de observar en ningún momento.

Una vez asegurado esto, de nosotros depende aportar valor añadido, que será lo que nos diferencie de nuestros competidores: superar sus expectativas  deberán ser el segundo objetivo a conseguir.

 

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